miércoles, 10 de abril de 2013
Ha muerto José Luis Sampedro
Cuarenta días. Es el tiempo que ha pasado entre el fallecimiento de Stéphane Hessel y el del barcelonés José Luis Sampedro, que contaba 96 años. Se trata de dos figuras que curiosamente compartían año de nacimiento, 1917, y que en tiempos recientes se habían convertido en referentes del movimiento de los Indignados, pero que tenían a sus venerables espaldas una larga trayectoria humanista y literaria, también económica en el caso del español, académico de la RAE y Premio Nacional de las Letras en 2011. Descanse en paz.
martes, 9 de abril de 2013
Jordi Sierra i Fabra, un escritor importante
Jordi Sierra i Fabra ha escrito más de 400 libros. Eso lo convierte en culpable sin juicio previo: ¡escribe demasiado! ¡Los libros son de baja calidad! Naturalmente, los peritos que sostienen tales opiniones nunca se han leído un libro de Jordi Sierra i Fabra. No les hace falta. Creen que no les hace falta. En este país gusta mucho juzgar sin eso tan molesto que es comprobar las cosas. Naturalmente, entre los 400 libros habrá bastantes flojos o directamente malos. Sierra i Fabra no es un estilista, pero en su favor hay que decir que tampoco lo pretende. Uno de sus últimos tres libros (“Parco”, Premio Anaya Juvenil) explicaba ayer en Barcelona que lo escribió en cinco días. Publica los libros de tres en tres, también publica estos días en La Galera El extraordinario ingenio parlante del profesor Palermo” y en Plaza & Janés “Dos días de mayo”. Alguien dirá: Dante tardó 14 años en escribir La Divina Comedia, no se puede escribir un gran libro en cinco días. Es evidente que no se puede escribir un libro de relojería en cinco días, es obvio que Parco no es La divina comedia. Pero Parcotoca un tema que nadie quiere tocar: la violencia en los adolescentes, la posibilidad de que un muchacho sea un asesino, la vida en un reformatorio… y lo hace con solvencia, ritmo y una invitación a la reflexión moral aunque no haya moralina incorporada ni sermones, sin dejarse tentar por un maniqueísmo fácil. Cuando se habla de los escritores “importantes” a los críticos y periodistas especializados en libros suele olvidársenos nombrar a Jordi Sierra i Fabra. Sus libros no son puntos de inflexión en la tradición literaria, no son obras absolutamente innovadoras ni logran las cimas de brillo de las grandes obras de la literatura (muy pocas lo logran, casi ninguna). Pero Jordi Sierra ha hecho leer en este país de lectura raquítica a cientos de miles de jóvenes, de manera entusiasta. Poco marketing se gasta Sierra i Fabra, más allá del pin de guitarra eléctrica y su aire de viejo rockero dicharachero y, sin embargo, hay libros suyos, como Campos de fresas, que llevan más de 40 ediciones. No todos, pero unos cuantos de sus libros pasan de los 100.000 ejemplares, sin ruido ni apoyo ninguno, más allá del beneplácito de los lectores jóvenes. Es verdad que tiene buena entrada en los circuitos de lecturas escolares, pero si los chavales no se sintieran satisfechos con la lectura, al año siguiente el libro saltaría de la programación: y ahí sigue, generación tras generación. Demostrando –una vez más- que los jóvenes leen (más que los adultos) cuando los libros les hablan de aquello que les interesa o los emociona. En 2004 creó la fundación Sierra i Fabra para fomentar la lectura entre los jóvenes. Abrió una sede en Medellín. Allí tienen una escuela de jóvenes escritores y una biblioteca móvil de 400 libros que hacen llegar a las poblaciones más minúsculas y desatendidas, algunas tan incomunicadas que hay que subir los libros en burro. Cuando Jordi habla de cómo logran subir los libros por trochas con un palmo de barro, cómo la gente del pueblo colabora haciendo una cadena hasta llevar los libros al local que hará de biblioteca por unos días… se le iluminan los ojos. Él es un eterno adolescente, cachondo, de conversación torrencial, ocurrente y directo, por momentos arrollador… pero hay un momento en que se queda callado y, de repente, se pone serio y te cuenta cómo una tarde llegó a un villorrio recóndito de Colombia en la sierra, a 3.000 metros de altura, donde el colegio eran unos barracones de metal y el barro se lo tragaba todo. Dio una charla para los niños y al final, uno de ellos, muy pequeño, muy modestamente vestido, se fue hasta él y tiró del faldón de su camisa: lo miró y le dio las gracias por llevarles libros. “Hay cosas más importantes que escribir”, dice como si se lo dijera así mismo. Tampoco lo anuncia en ninguna parte, pero también le emociona hablar de otra iniciativa de su fundación: el día antes de Sant Jordi, varios escritores se reparten por hospitales infantiles y llevan libros a los niños: “no sólo vamos a llevar libros, hablamos con ellos, estamos con ellos, les dedicamos el tiempo necesario”. Ahora (“gracias al dinero del Premio Torrevieja”) ha comprado un local en Barcelona para que su fundación también tenga sede física en Cataluña. Todo lo ha pagado de su bolsillo: “¡me he gastado los ahorrillos!”, afirma feliz. Su sede se convertirá en un centro cultural y biblioteca en el barrio de Sants. Nadie le ha regalado nada, ni la administración pública ni los bancos. Se inaugura el día 15 y seguro que ese día no faltarán políticos y prebostes dispuestos a hacerse la foto.
Muchos seguirán pensando que no es un escritor importante porque escribe los libros en cinco días. Mientras otros están en casa dando vueltas durante dos años a cuál es la función cognitiva y sociocultural de la novela, él está en Colombia llevando libros por las sierras, abriendo bibliotecas en los barrios y haciendo leer a miles de jóvenes. Para mí Sierra i Fabra sí es un escritor importante.
viernes, 5 de abril de 2013
RESEÑA QUE LEER
María Dueñas y Ken Follett, premios Qué Leer de los Lectores
La XV edición del Premio Qué Leer de los Lectores ya tiene ganadores. En lo que a 2012 respecta, Misión Olvido (Temas de Hoy), de María Dueñas, y El invierno del mundo (Plaza & Janés / Rosa dels Vents), de Ken Follett, han sido señalados por los lectores de nuestra revista (y de otras catorce publicaciones de MC Ediciones) como los mejores libros en español y traducido (cortesía del colectivo Anuvela y de Jordi Puig en la versión catalana). Se da la circunstancia de que Follett había obtenido ya nuestro galardón hace dos años, con la primera parte de su trilogía El Siglo, La caída de los gigantes. ¡Felicidades a ambos y a sus editores!
jueves, 4 de abril de 2013
Luis Goytisolo y el R.I.P. de la novela
Luis Goytisolo y el R.I.P. de la novela
Luego publicó en EL PAÍS el artículo El declive de la novela. “La reacción de mis colegas, de editores y libreros fue también negativa, cuando lo que yo pretendía era garantizar la continuidad de la gran literatura”.
En El porvenir de la palabra (Taurus, 2002), volumen en el que reunió sus artículos ensayísticos y literarios escritos a partir de la transición, ya apuntaba algunos de los temas en los que ahora profundiza Naturaleza de la novela. “Todo ello”, explica, “me llevó a pensar en los orígenes de la novela; algunos factores han sido muy importantes, como la creación de la imprenta, el Renacimiento, el momento en el que la cultura se separa de la Iglesia...”.
“Los hábitos sociales tienen un papel fundamental. A partir de la imprenta se pudo leer en privado y evolucionó deprisa. El Quijote fue el gran punto de partida. De mediados del siglo XIX a mediados del XX fue una época de auge, pero en luego empieza el declive; y cuando llega la televisión, y volvemos a hablar de hábitos sociales, la gente tiene menos tiempo para la lectura”.
A Goytisolo le preocupa que la lectura se convierta en una actividad especializada y que la gran mayoría deje de leer obras de cualquier tipo de creación literaria. “Me preocupa, en el fondo, que la cultura, y más concretamente la literaria, se convierta para las mayorías en algo prescindible, accesorio”, señala en el epílogo de su libro.
La revolución tecnológica e Internet “marcan una época tan importante como lo fue el nacimiento de la imprenta”, asegura. “¿Cuál será el futuro? Es muy difícil de imaginar, como fue difícil imaginar en el siglo XV lo que iba a significar la imprenta”. El escritor prevé que se inventarán nuevos artilugios que hagan la lectura más cómoda y, dice en el epílogo de su obra premiada: “El libro impreso se convertirá en un objeto de coleccionismo, algo así como un vino de reserva para sibaritas”.
Luis Goytisolo relaciona el futuro de la lectura con el de la creación literaria. La novela, concluye en el epílogo de Naturaleza de la novela,es un género que “ha dejado de renovarse, de abrir nuevos caminos, y quienes de un tiempo a esta parte empiezan a cultivarlo no suelen hacer sino repetir fórmulas con mayor o menor talento. No es imposible que en el futuro alguien escriba una gran novela, pero sí tan improbable como que en la actualidad alguien componga una sinfonía equiparable a las de Mozart o Beethoven”.
Luis Goytisolo ganó el Premio Biblioteca Breve con su primera novela,Las afueras. De su vasta obra destaca la tetralogía novelísticaAntagonía, que Anagrama publicó en 2012 por primera vez en un solo tomo: Recuento, Los verdes de mayo hasta el mar, La cólera de Aquilesy Teoría del conocimiento. Es miembro de la Real Academia Española y ha obtenido, entre otros premios, el Nacional de Literatura y el de la Crítica.
Naturaleza de la novela se publicará en mayo y en septiembre aparecerá Librerías, con la que Jorge Carrión resultó finalista del Anagrama de Ensayo. Su libro es un recorrido por librerías de todo el mundo, su historia, las relaciones que mantuvieron con escritores o cómo se convirtieron en centros culturales o de resistencia política. Carrión (Tarragona, 1976), doctor en humanidades por la Univrsidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde imparte clases de máster de creación literaria, teoría del viaje y periodismo cultural, afirma que las librerías viven momentos complicados y que cuando corrija el libro tendrá que anotar alguna “defunción”, como la barcelonesa Catalònia. “Las librerías aparecen y desaparecen y se reconvierten, como una en Estambul que es también restaurante o las de Madrid que venden libros a peso. Sobrevivirán, pero tendrán que cambiar radicalmente”, explica.
Todos los ganadores
1973 Xavier Rubert de Ventós: La estética y sus herejías
1974 Sebastián Serrano: Elementos de lingüística matemática
1975 Eugenio Trías: El artista y la ciudad
1976 Enrique Gil Calvo: Lógica de la libertad. Por un marxismo libertario
1978 Jordi Llovet: Por una estética egoísta. Esquizosemia
1980 Pere Gimferrer: Lecturas de Octavio Paz
1981 Juan García Ponce: La errancia sin fin: Musil, Borges, Klossowski
1982 Fernando Savater: Invitación a la ética
1983 Luis Racionero: Del paro al ocio
1984 Antonio Elorza: La razón y la sombra. Una lectura política de Ortega y Gasset
1985 Ángel López García: El rumor de los desarraigados. Conflicto de lenguas en la península ibérica
1986 Joaquim Lleixà: Cien años de militarismo en España
1987 Carmen Martín Gaite: Usos amorosos de la postguerra española
1988 Carme Riera: La Escuela de Barcelona. Barral, Gil de Biedma, Goytisolo: el núcleo poético de la generación de los 50
1989 Víctor Gómez Pin: Filosofía. El saber del esclavo
1990 Josep M. Colomer: El arte de la manipulación política. Votaciones y teoría de juegos en la política española
1991 Antonio Escohotado: El espíritu de la comedia
1992 José Antonio Marina: Elogio y refutación del ingenio
1993 Soledad Puértolas: La vida oculta
1994 Miguel Morey: Deseo de ser piel roja
1995 Javier Echeverría: Cosmopolitas domésticos
1996 Vicente Verdú: El planeta americano
1997 Norbert Bilbeny: La revolución en la ética
1998 Alejandro Gándara: Las primeras palabras de la creación
1999 Manuel Delgado: El animal público. Hacia una antropología de los espacios urbanos
2000 Carlos Monsiváis: Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina
2001 Nora Catelli: Testimonios tangibles. Pasión y extinción de la lectura en la narrativa moderna
2002 Vicenç Navarro: Bienestar insuficiente, democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país
2003 Josep Casals: Afinidades vienesas. Sujeto, lenguaje, arte
2004 Jordi Gracia: La resistencia silenciosa. Fascismo y cultura en España
2005 Manuel Cruz: Las malas pasadas del pasado. Identidad, responsabilidad, historia
2006 Rafael Rojas: Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano
2007 Andrés Barba y Javier Montes: La ceremonia del porno
2008 Gustavo Guerrero: Historia de un encargo: “La catira” de Camilo José Cela
2009 Jesús Ferrero: Las experiencias del deseo. Eros y misos
2010 Eloy Fernández Porta: €®O$. La superproducción de los afectos
2011 Vicente Serrano: La herida de Spinoza Felicidad y política en la vida posmoderna
2012 José Ovejero: La ética de la crueldad
miércoles, 3 de abril de 2013
RESEÑA DEL BLOG DE LECTURALIA
La mujer escondida
En una carta que le escribió Charles Dickens aGeorge Eliot en 1858, el primero indicaba ciertasospecha acerca del sexo de la persona que se escondía tras el pseudónimo de Eliot. Dickensexpresaba que, aunque se dirigía al creador de algunas de sus obras favoritas en masculino, ya que este elegía definirse como tal, no podía dejar de notar que su texto estaba lleno de una exquisita verdad y delicadeza. Decía que si estasficciones emocionantes no provenían de la mano de una mujer, creía que ningún hombre ha tenido hasta ahora el arte de hacerse a sí mismo, mentalmente, tan como una mujer, desde el inicio del tiempo.
Desconozco si Dickens sabía entonces, a ciencia cierta, que George Eliot era el nombre literario de Mary Anne Evans. Tal vez sus afirmaciones no eran más que excusas para poder dirigirse con pleno conocimiento de causa a la autora, o puede que realmente reconociera a una pluma femenina tras el seudónimo y pretendía satisfacer su curiosidad. La prosa deEliot no es, ni mucho menos, una prosa asociada a una autora tradicional de su tiempo, en un siglo XIX donde la gran mayoría de las escritoras creaban textos románticos dirigidos a lectoras de igual disposición; sino que se acerca mucho más alrealismo psicológico y social de los grandes escritores masculinos de su tiempo: desde el propio Dickens a otros como Zola en Francia o Pérez Galdós en España. No obstante, es posible que ciertos giros de lenguaje, la insistencia en determinados detalles o su análisis concienzudo del entorno de la familia (un contexto tan propio de la mujer de la época, cuyo núcleo de acción era el hogar) la traicionaran y la terminaran por incluir en ese apartado distinto, lleno de prejuicios para lectores, que pertenece a la mujer escritora.
Claro que entre aquel 1858 y nuestro 2013 ha llovido bastante. Llegaron y se fueron (tal vez) las escritoras que reivindicaban el lenguaje femenino, la libertad de poder usar un idioma emocional y representativo que eliminara tabúes y eufemismos, que pudiera trasladar a palabras el rico vocabulario gestual y sensorial de un sexo que se declaraba lingüísticamente independiente, políticamente orgulloso y que a la vez llevaba al ojo público lo que definía como característico de la feminidad (aquí, por ejemplo, la maternidad se convirtió en el ojo del huracán del nuevo discurso, un centro al que regresar, como un punto en común inamovible). El postmodernismo y la deconstrucción condujeron a la evaluación de este lenguaje femenino con varios filtros, con desconfianza, y finalmente acabamos por llegar a un punto donde la escritora y el escritor contemporáneo pueden confundirse, pueden interpretarse. En un juego de identidades, y como respuesta a las polémicas declaraciones de Naipaul de las que ya hablamos, que defendía el texto literario masculino como texto superior, el periódico británico The Guardian se atrevió en su momento a jugar con sus lectores y los invitó a intentar identificar el sexo de los autores de varios extractos que publicaron en su página web. Fue un juego en el que pocos acertaron.
Y a pesar de esta igualdad, esta equivalencia (por mucho que siga habiendo literaturapara mujeres y literatura para hombres), uno no puede dejar de maravillarse cuando lee a los personajes femeninos de Jonathan Franzen, por ejemplo, que consigue introducirse a profundidades insalvables en la psique de sus mujeres, en toda sucompleja autodestrucción y esperanza y sexualidad ambigua (exactamente la misma compleja autodestrucción y esperanza y sexualidad ambigua de sus personajes masculinos, pero a la vez tan diferente y reconocible). No obstante, la última vez que miré en la Wikipedia, Franzen era hombre (aunque uno no debería fiarse de la Wikipedia, y si no que se lo pregunten a Philip Roth).
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