viernes, 10 de mayo de 2013


Los traductores del nuevo best-seller pasaron dos meses encerrados en un búnker.


Los 11 traductores de «Inferno», la última novela de Dan Brown, trabajaron durante dos meses en un complejo subterráneo de alta seguridad en Milán. Según la Radio Pública Nacional estadounidense (NPR).
La seguridad de la obra, cuyo título homenajea a la primera parte de la Divina Comedia de Dante, tenía los ordenadores atornillados a la pared. Los traductores no podían introducir teléfonos móviles y el acceso a Internet estaba tan restringido como monitorizado.
El embargo de la novela, que se mantendrá hasta el 14 de mayo, también dio lugar a un complejo algoritmo para evitar que los traductores salieran del búnker con páginas de la novela.
Las reacciones del equipo a semejante régimen de aislamiento fueron variadas. Mientras algunos aseguran que disfrutaron la experiencia, otros lamentaron haber echado de menos a sus familias.