jueves, 10 de abril de 2014

LA DOÑA, VOLUNTAD Y DESAFÍO


"Yo nací en Ála­mos, bajo un sol de fuego. Nada me puede quemar."
Maria FelixHoy se cum­plen 100 años del naci­miento de María Félix (1914–2002), la mayor estre­lla del cine mexi­cano y una de las pre­sen­cias más pode­ro­sas de la cine­ma­to­gra­fía ibe­roa­me­ri­cana. Y sabe­mos que hoy es el día pese a los reite­ra­dos jugue­teos con su edad de la intere­sada y de sus ado­ra­do­res. «María Félix ha nacido en muchas fechas, pero siem­pre en el mismo lugar. Sus oca­sio­na­les bió­gra­fos la hacen sal­tar de un año al otro y de mes en mes. El pin­to­resco Henry Bur­din (La mexi­caine, París, 1982) para qui­tarle años hace que se case cuando cum­ple catorce y tenga su único hijo a los 15″, cons­tata Paco Igna­cio Taibo I (1924–2008) en un libro exqui­sito que hoy merece la pena res­ca­tar: María Félix. 47 pasos por el cine, edi­tado en 2008 por la extinta Bru­guera que enton­ces diri­gía, en la breve resu­rrec­ción del his­tó­rico sello, Ana María Moix. Para des­pe­jar la incóg­nita, Taibo recoge la copia de la par­tida de naci­miento de María de los Ánge­les Félix que fija el ocho de abril de 1914 como fecha verdadera.
Es el arran­que de una pre­ciosa bio­gra­fía tra­mada a par­tir de las 47 pelí­cu­las inter­pre­ta­das por la mítica actriz. Una deci­sión opor­tuna en tanto que “el cine hizo a María”, ase­gura el autor. «El cine no sólo la hizo famosa, sino que la hizo tal y como ahora es. Del cine tomó no sólo la fama y el dinero, sino tam­bién per­so­na­li­dad, estilo, vigor, alti­vez. Pasa María por el cine apren­diendo de sus per­so­na­jes y fin­gién­dose ella misma un per­so­naje más, hasta el punto de que reali­dad y fic­ción se mez­clan y amasan».
María, un carác­ter de “volun­tad y desa­fío”, tiene la ambi­ción y la deci­sión de dejarlo todo atrás para hacerse un nom­bre, y encuen­tra la oca­sión de hacerlo cuando Fer­nando Pala­cios la des­cu­bre para el cine. En la emer­gente cine­ma­to­gra­fía mexi­cana de los pri­me­ros años 40, María Félix, La Doñadesde su ter­cera pelí­cula, Doña Bár­bara, encuen­tra un hueco por ocu­par. Si Isa­bela Corona era “la gran actriz”; si Glo­ria Marín “la belleza mexi­cana”; si María Elena Mar­qués “la juven­tud inge­nua e inex­perta” y Andrea Palma un mis­te­rio indes­ci­fra­ble, «fal­taba la mujer que negara la ser­vi­dum­bre tra­di­cio­nal y fol­kló­rica de la hem­bra de México, fal­taba la belleza agre­siva, la acción des­pre­jui­ciada. El hueco era tan mani­fiesto que pare­cía estar lla­mando a una nueva pre­sen­cia que no se vis­lum­braba. María se fue haciendo a la idea de que esa ausen­cia sólo podía ser cubierta por una sola per­sona: ella misma».
Es un pla­cer reco­rrer la vida de la Félix meci­dos por la exce­lente prosa mes­tiza de Taibo padre, astu­riano exi­liado en México, y hacer nues­tra su admi­ra­ción pru­dente hacia una actriz que tan­tos entu­sias­mos des­per­tara. Su punto de vista, y eso es quizá lo que lo hace excep­cio­nal, parte del escep­ti­cismo hacia las pelí­cu­las de Félix –«uno, que no tiene espe­cial apre­cio a sus films, que está a punto de negar­los»–, tanto como del reco­no­ci­miento de que su apa­ri­ción hacía bue­nas las peo­res pelí­cu­las, que “des­plaza” con su pre­sen­cia. «Con toda segu­ri­dad el mejor film de María es el que no hemos podido ver, pero que acaso algún día se haga posi­ble; la pelí­cula de los mejo­res momen­tos de sus pelí­cu­las. Por­que en el fondo no nos impor­tan los argu­men­tos, las his­to­rias ni tan siquiera sus opo­nen­tes; lo que importa es ver a María Félix», esa «asom­brosa esta­tua que se sabe reina».