viernes, 11 de enero de 2013

Narcoliteratura, páginas para una guerra



La lucha del Estado mexicano contra el narcotráfico arroja un saldo de 60.000 muertos en los últimos seis años en México | La violencia ha 'salpicado' cientos de obras de ficción y no ficción | Muchos periodistas han pagado con su vida por escribirlas | Élmer Mendoza, Ricardo Ravelo, Yuri Herrera, Lolita Bosch, Ioan Grillo y Juan Pablo Villalobos son algunos de los narradores de esa realidad siniestra


En los últimos seis años buena parte del territorio mexicano ha sido un auténtico avispero. La lucha contra el narco emprendida por Felipe Calderón, presidente del país durante ese periodo, ha dejado unas cifras de víctimas propias de una guerra. Los enfrentamientos entre sí de los cárteles y los de estos contra las fuerzas de seguridad del Estado arrojan un saldo de varias decenas de miles de muertos. En función de a quién preguntemos nos dirá una cantidad. 60.000 es quizá la más consensuada. Pero hay quien habla de 70.000 e incluso de 84.000 muertos. Sin contar los asesinatos de inmigrantes, en su mayoría de Centroamérica, que a su paso por México camino de los Estados Unidos son capturados por las redes criminales y asesinados si sus familias no pagan los rescates exigidos. También se cuentan por decenas de miles. La escritora y periodista Lolita Bosch (Barcelona, 1970), barcelonesa de corazón mexicano, desde hace varios años empecinada en investigar estas masacres, habla de 120.000 personas ejecutadas. De esta sangría, en muchos (demasiados) casos impune, la literatura, en sus vertientes de ficción y no ficción, está empapándose, manchándose, página a página. Así tiene que ser. Lo contrario sería muy sospechoso.

Incluso se ha acuñado un término específico para denominar lo que poco a poco ha ido tomando cuerpo de género (o subgénero). Es narcoliteratura. Cuando se habla de su paternidad (en el marco de la fabulación), el autor más señalado es Élmer Mendoza (Culiacán, 1949), creador de la serie del detective Edgar el Zurdo Mendieta (La prueba del ácidoNombre de perro...), por lo general embrollado en la resolución de entuertos sumergidos en las cloacas del narco. "Mi primera novela sobre este tema, El asesino solitario, la escribí en 1999, mucho antes de que comenzara la guerra". Élmer Mendoza intenta sacudirse desde hace tiempo el sambenito de oportunista, que le adjudican los que ven en su obra una especie de aprovechamiento interesado de la violencia, sobre todo ahora que está en el candelero mediático. Con este dato, que ofrece a El Cultural, intenta defenderse de tales acusaciones. La etiqueta narcoliteratura, dice, es "un invento de la prensa y de los editores que ha funcionado muy bien. Es cierto que muchos críticos y académicos muy respetados me citan como su padre. Pues perfecto: si mi literatura no gana con el tiempo otro nombre, éste me vale".

La narcoliteratura tiene también representantes foráneos de peso. Arturo Pérez-Reverte publicó en 2002 La reina del sur (Alfaguara). Y Teresa Mendoza, nacida en la cabeza del autor español, ha cobrado vida en algunos rincones de su Guasave natal y en Culiacán (ciudades ambas de Sinaloa, estado en el que opera el cártel más potente de México). Hay restaurantes que afirman que allí iba a cenar y lugareños que aseguran que la trataron en persona. Es el verdadero de milagro de la literatura: personajes que devienen personas, con su biografía desperdigada en los más dispares rincones de la realidad. Don Wislow fue otro autor de fuera que dejó su impronta bien marcada en este género (o subgénero, para los académicos queda la obligación de clasificar) con El poder del perro (Mondadori), novela en la que el secuestro, tortura y asesinato de Ernie Hidalgo es casi una réplica del de Enrique Kiki Camarena, agente de la DEA infiltrado en los cárteles mexicanos, y que desató un despliegue sin precedentes de los Estados Unidos en suelo mexicano. Aquel incidente marcó un antes y un después en la implicación de este país en la resolución del problema del tráfico de drogas al sur de su frontera.

Pero la narcoliteratura es un fenómeno esencialmente mexicano, y la mayor parte de sus autores, por tanto, son de México. Hay muchas voces encuadrables en este ámbito narrativo. Juan Pablo Villalobos (Guadalajara, 1973) se ha hecho su propio hueco en medio de esa polifonía. Fiesta en la madriguera (Anagrama, 2010), su ópera prima, tuvo el mérito de colocar la narcoliteratura en el mapa anglosajón. Publicaciones como The Daily TelegraphSunday TimesThe Guardian procuraron numerosos elogios a su fábula sobre el turbio universo del crimen organizado, visto en la novela con los ojos inocentes de un niño. En opinión de Villalobos, sí hay un trasfondo mercantilista en la acuñación de este presunto género: "Me parece una perspectiva oportunista, una etiqueta para intentar vender libros. En el fondo estos sólo pueden dividirse en dos grupos: buenos y malos.Se han escrito magníficos libros sobre la violencia del narco en los últimos años en México, es un hecho. Y también se ha publicado un montón de basura".

Yuri Herrera (Actopan, 1970), flamante chico Granta, se ha ganado también un puesto privilegiado dentro de este grupo de narradores. Con su debut literario, Los trabajos del reino (Periférica), daba cuenta de la vanidad de los principales capos mafiosos, que contratan vocalistas de corridos para que canten a los cuatro vientos sus hazañas. La tensión entre arte y poder sostiene toda la trama, contada con el léxico y el ritmo del lenguaje de la frontera. Herrera mira con reticencia la etiqueta en cuestión: "Me he resistido mucho a tenerla en cuenta, porque creo que simplifica algo mucho más complejo: la cantidad de libros que se engloban en ella tratan de muchas cosas". Aunque entiende su carácter práctico: "Supongo que es muy útil en ciertos entornos, el académico por ejemplo, y que por otro lado sí hay una cantidad de libros que específicamente, sobre todo desde el periodismo, tomar el narcotráfico como núcleo de su trabajo".

La detención de algunos de los grandes capos no ha desactivado las redes criminales.

Cierto. El periodismo de investigación y el ensayo divulgativo han colocado una montaña de volúmenes sobre este espinoso capítulo de la historia mexicana. No les ha salido gratis. Los costes han sido elevados para este gremio. Lolita Bosch advierte a El Cultural que desde julio de 2000 a julio de 2012 -"los años de la democracia", especifica- "nosotros hemos contado 127 periodistas y trabajadores de la información asesinados y desaparecidos". Esenosotros se refiere a Nuestra Aparente Rendición, colectivo que agrupa, precisamente, a miembros de la profesión periodística, pero también a artistas, académicos, científicos... Con un objetivo común: "El conocimiento, la comprensión, el respeto y la paz en México". En la última Feria del Libro de Guadalajara presentaron el libro Tú y yo coincidimos en la noche terrible, en la que diversos reporteros rememoran las vidas de los compañeros caídos por ejercer su profesión en estos último años. La verdad de la tragedia, dice, hay que ir a buscarla en los textos de no ficción: "La literatura va un poco a la zaga. Salvo casos como el de Yuri Herrera, la gran mayoría de la ficción que se escribe sobre el narco es prejuiciosa y está poco informada". Ella publica este año Campos de amapolas antes de esto (El Aleph), que, paradójicamente, es una novela. Eso sí, con mimbres bien reales. La ficción sirve en este caso para reflejar la transformación de México a lo largo de los últimos años, en los que el narco ha ido ganando posiciones en el engranje social del país.

Para Lolita Bosch, "lo deslumbrante" está en los estudios que documentan una realidad que, por lo general en México, supera a la ficción. Así lo cree por ejemplo el periodista Ricardo Ravelo (Veracruz, 1966), que ha trabajado durante 21 años para la revista Proceso. En esta publicación ha reporteadolas connivencias entre la clase política y empresarial con los narcotraficantes."Te vas a morir junto con tu esposa si no le bajas a tus reportajes", le advirtieron por teléfono cuando descansaba en su casa tras el almuerzo. Estas amenazas a periodistas en México conviene tenerlas en cuenta, sobre todo si se llevan tantos años hurgando en la misma herida. Ahora dirige la revista Variopinto y acaba de lanzar en España Narcomex(Debate), su último y desolado testimonio sobre la expansión del poderío económico y social de las redes criminales. En este libro los datos presentados por Ravelo producen escalofríos: el narco controla el 80% de los poco más de 2.000 municipios de México. "El poder del narcotráfico es de tal magnitud que ya se le considera un Estado dentro de otro Estado". Ravelo lamenta que la movilización del ejército por parte del Calderón ha sido absolutamente estéril. Es cierto que muchos de sus cabecillas han acabado entre rejas o acribillados pero las organizaciones que dirigían, en concreto los 14 cárteles que se reparten el territorio mexicano, siguen operando "como si no hubiera pasado nada".

Lo mismo piensa el periodista e historiador británico Ioan Grillo, asentado en México D.F. desde 2001, donde ha trabajado como corresponsal para Time Magazine, CNN, Associated Press y Sunday Telegraph. A la capital azteca le condujo la curiosidad. Se crió en Brighton, como él mismo cuenta a este suplemento "una de las ciudades británicas con más alto índice de consumo de drogas". Vio despeñarse por el abismo de las adicciones a la heroína, la cocaína y otras drogas de diseño a algunos conocidos. "Luego también pasé un verano trabajando en una discoteca de Ibiza. Allí el consumo está disparado. Es increíble". En México empezó a tirar del hilo para comprobar de dónde y cómo llegaba todas esas sustancias a nuestro continente. Sus pesquisas han cristalizado en Narco (Tendencias), volumen de reciente aparición en España en el que, a lo largo de casi 500 páginas, repasa la historia del narcotráfico, radiografía su anatomía y vislumbra su futuro.

Ese futuro se perfila a lo lejos como un signo de interrogación. En el fin de un conflicto de tan devastadora magnitud no parece que los libros tengan opción de jugar un papel demasiado eficaz. Pero sí es cierto que pueden ser un primer paso hacia algo. Algo que se acerque a la paz y la tranquilidad de las madres mexicanas, hoy angustiadas porque el curso de los proyectiles en las balaceras es incierto. Incluso bebés, en sus carritos, han recibido los impactos (la fotografía puede verse en Narcomex). Ravelo lo tiene claro: "Sin información no hay cambio social y político". Y eso es lo que quieren los mexicanos. Porque como dice el poeta Javier Sicilia, cuyo hijo fue asesinado por el narco en 2011, y ahora abandera a un movimiento social en contra de la violencia, "¡ya estamos hasta la madre!".
ALBERTO OJEDA 

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