viernes, 20 de septiembre de 2013

ENTREVISTA A MATILDE ASENSI

1_optLa Trilogía Martín Ojo de Plata reunida es un tomo del tamaño de esos cofres con los que soñaban los bucaneros y donde, además de las peripecias de los personajes, hay algunas muestras (no muchas) de las notas manuscritas de Asensi; materiales y un prólogo rotundo de la autora alicantina donde reflexiona sobre el papel de España en América que arranca con estas palabras contundentes: “Hace algo más de doscientos años que los españoles nos fuimos de Latinoamérica. Y cuando digo que nos fuimos quiero decir que nos echaron”… Asensi es de esas personas que dicen lo que piensan o que, cuando no lo dicen, se les nota igualmente. Eso tiene sus ventajas y sus inconvenientes para un periodista: puede obtener buenos titulares, pero también puede ser fulminado por su mirada intensísima ante alguna metedura de pata, o si trata de meter las narices en asuntos que pertenecen a su intimidad. Es de Alicante, como el turrón: según cómo trates de hincarle el diente puedes saborear un momento dulce o partirte un diente. Y los trucos no valen, pues se los sabe todos porque ha sido de la profesión.
Le pregunto por qué dejó el periodismo “¡No sabes lo que es ser periodista de provincias! ¡Eres periodista veinticuatro horas al día, siete días a la semana! Y, si a las tres de la mañana se incendia Mercalicante, pues has de salir para allá corriendo. Has de vivir para el trabajo y yo un día me planteé ‘¿Esto era lo que yo quería? ¿Qué quería yo?’. A una compañera de cierta edad la pasaron a un gabinete de prensa de la Universidad de Alicante y pensé: ‘¡Ese es mi destino! Voy a estar todos estos años entregada a todo esto y luego acabaré en un gabinete de prensa haciendo un trabajo burocrático’… Y entré en crisis, caí en barrena.”
Fue entonces cuando, al plantearse qué quería hacer de su vida, encontró semienterrada en la arena de la adolescencia la inquietud de escribir. “Fue reencontrar una ilusión que me hizo renacer”. Empezó a escribir cuentos y se dio cuenta de que eso la hacía más feliz que el potaje informativo local: “Llegó un momento en que me dije: ‘No aguanto más políticos locales, no aguanto más corrupción… yo quiero escribir y me piro’”. Preparó oposiciones para tener un trabajo de 8 a 15 que le dejara las tardes libres para escribir. “Me puse muy en serio… de eso hace quince años largos. Y aquí estamos hoy en día, con las mismas ganas pero con más canas”.
Ojo al dato
Un mercante español es asaltado por piratas. Para salvar la vida, la joven Catalina Solís se viste con las ropas de su hermano y abandona el barco flotando en un escritorio arrojado por la borda. A partir de entonces, logrará sobrevivir y forjarse una leyenda como el valeroso marino Martín Ojo de Plata. Esta es la historia de una muchacha que se convierte en líder en una época violenta, e incluso la veremos subvertir el cuento tradicional al ser ella quien rescate a su enamorado en La conjura de Cortés. Mi teoría es que el libro muestra cómo mujeres y hombres son caras de la misma moneda, cómo lo que nos separa pueden ser unos pantalones y un corte de pelo: hombres y mujeres todos somos uno, Martín/Catalina es mujer y es hombre, todos tenemos una parte femenina y otra masculina… Pero, cuando le expongo la impecable teoría a Asensi y se lo pongo a huevo para que se erija en paladín de ese buenrollismo siglo XXI… se me queda mirando con una sonrisa sarcástica y afectuosa (que ya son muchos años de aguantarnos mutuamente) y me dice: “Toni, qué carca eres”.
Ya me lo había explicado en una entrevista anterior, pero como ve que no me entra en la cabeza, me lo aclara pacientemente: “Catalina no es las dos caras de nada, no es mujer y hombre a la vez… ¡Catalina es mujer!”. Y yo, que he bebido agua del Ebro, aún le insisto… “Pero cuando se viste de hombre es ambas cosas”. Y ella, que también tiene la cabeza como el turrón de su pueblo, que no: “Ella es mujer. Lo que hace es simplemente vestirse de hombre, que es un fenómeno del Siglo de Oro muy conocido: el de la mujer travestida de hombre. En Shakespare, Cervantes o Calderón aparece esa figura porque la vida de la mujer era tan sumamente horrorosa y patética, que las pocas que tenían el valor de romper con eso y marcharse solo tenían esa opción. No porque se sintieran hombres en absoluto. Aquello no era Águila Roja, donde ellas van con un escote hasta abajo y salen por ahí tan campantes. Y que conste que a mí me encanta Águila Roja. Pero, en aquella época, la realidad es que las mujeres salían a la calle con velo y acompañadas, salvo las prostitutas, que iban con una toquilla amarillo azafrán que las identificaba. Para poder hacer algo diferente a aceptar el matrimonio que pactaban tus padres sin preguntarte tu opinión, o acabar en el convento o para vestir santos (una humillación en la época), era la única opción.”
¿España?
Uno de los cuadernos de trabajo de Matilde Asensi, donde toma notas (con bolígrafos de varios colores) con la documentación para sus obras.
Uno de los cuadernos de trabajo de Matilde Asensi, donde toma notas (con bolígrafos de varios colores) con la documentación para sus obras.
Le comento que en el prólogo escribe “soy hija de un país que no me ha enseñado a amarlo” y que suena duro. “Es triste, pero es la realidad. Yo no amo España, me gustaría decir otra cosa, pero no puedo. Yo no sé qué es España. Me siento alicantina, mediterránea por la cultura que compartimos: la alimentación, la luz, la forma de ser… esa identidad la reconozco. ¡Me di cuenta cuando estuve en Londres seis meses y acabé hasta las narices del cielo gris! La luz forma parte de tu vida. ¿Pero España? No se nos ha enseñado a amar nuestro país. En la Transición se hizo todo muy mal, creo que para disolver el problema de la comunidades autónomas históricas, Cataluña y País Vasco, se montó el rollo de la España de las autonomías y luego hemos tenido este bipartidismo patético que ha ido diluyendo la identidad”. Pero, en cambio, en Latinoamérica has dado la cara por el papel histórico de España… “Si estoy fuera, defiendo España con la navaja y el cuchillo, pero luego estoy aquí y no tengo sentimiento patriótico. Yo es que no tengo claro qué es España, ni tengo claro por qué tengo que sentirme orgullosa de ser de este país, ni tener un monarca del que sentirnos especialmente orgullosos, ni una clase política que nos haga sentirnos orgullosos. Aquí sabemos que el que se mete en política lo hace para medrar”.
Trilogía Martín Ojo de Plata Matilde Asensi Planeta 960 págs. 23,90 €.
Trilogía Martín
Ojo de Plata
Matilde Asensi
Planeta
960 págs. 23,90 €.
Le pido que me cuente qué pasa con Latinoamérica… “El concepto que tenemos nosotros de Latinoamérica es completamente diferente del que Latinoamérica tiene de nosotros. Cuando ves lo que ha pasado en Argentina con Repsol, Bolivia, Venezuela… yo no invertiría en Latinoamérica porque es que no nos quieren. Para ellos las inversiones de nuestras grandes empresas allí son una segunda conquista. Si ya la primera no la tienen asimilada, y les parecemos unos monstruos y que la pobreza que tienen es culpa nuestra, pues esta segunda conquista aún les sienta peor. No es algo a nivel personal, esto es importante remarcarlo, como persona a ti allí te reciben muy bien, pero es el concepto global. Cuando estás allí haciendo promoción todo es fantástico, hasta el momento en que alguien, en un momento dado, salta con que ‘usted, como española, que nos lo robaron todo, nos dejaron en la pobreza…’. La primera vez que fui a la Feria de Guadalajara me callé, pero ya las últimas veces pongo las cosas en su sitio: no les robamos todo. Ahí son ricos, tienen materias primas, petróleo, de todo… lo que hayan hecho los últimos doscientos años en que no hemos estado nosotros, ahí no tenemos nada que ver. Pero eso es lo que les enseñan en los colegios, porque a sus políticos les conviene. El odio o la falsedad de la historia se enseña en los colegios en Latinoamérica y nosotros aquí no nos enteramos: seguimos hablando de los hermanos latinoamericanos, celebrando el Día de la Hispanidad… ¿Por qué no ponemos los pies en el suelo de una vez y nos enteramos de lo que pasa de verdad? Que no nos quieren. Los ingleses tienen la inmensa suerte de que, después de haber liquidado a millones, los adoran en sus antiguas colonias. Pues fantástico, enhorabuena. A nosotros nos odian, no en el trato personal, sino globalmente. Y si creemos otra cosa nos volverán a expropiar”.